25 de octubre de 2010

Santuario
Salmo No.15
Melodía y voz: Inet Simental
Hazme saber mi fin y cuánto va a durar mi vida para que sepa cuán frágil soy.
Qué corta hiciste mi vida y que poco permanecerá.
¿Qué es el hombre?
Poco más que un soplo.





14 de agosto de 2010

La Ciudad y el Santuario. Reflexiones en torno a la obra Santuario

Raúl Valles
¿Cuántas señales de decadencia necesita el ser humano para reflexionar sobre la transitoriedad, lo efímero y lo hueco que se han vuelto nuestras vidas a partir de esta carrera sin freno hacia el triunfalismo, el poder mundano, el exceso, la apariencia? ¿Cuántas señales de decadencia necesitamos, no ya para reflexionar, sino para intentar el comienzo del cambio?

La ruptura del contrato social, inscrito en nuestro ADN, y visto y definido a partir del nacimiento del individuo como la educación y formación en los valores y principios que promueven y persiguen la preservación y progresión de la especie, trae como consecuencia la más grave de las enfermedades sociales cuyo rostro lo representa la violencia, la intolerancia, el odio y el más incomprensible de los desapegos hacia la vida de los demás. Hemos querido, al menos pretendido, corregir ésta situación lamentable buscando a quién culpar, sin tomar, en medida de lo que respecta, el asunto que como sociedad, raza y persona nos atañe. Responsabilizar a los demás o estar en la búsqueda constante de los culpables para hacerlos que paguen como merecen sólo nos aleja del compromiso que cada quien debe tener, en principio, para consigo mismo, a partir del cual comenzar el viaje introspectivo para contemplar con rigor y sinceridad todo lo que anda mal en nosotros mismos, todo lo que signifique un granito de arena en la aportación de ésta violencia desmedida. De alguna manera somos lo que vemos en las calles, la violencia nos ha alcanzado, ha regresado a su propia casa: nuestras conciencias sin consciencia. ¿Cuánto tiempo intentaremos escondernos? ¿Cuánto tiempo estamos dispuestos a soportar el miedo antes de reventar? Cuánto tiempo hasta que nos convirtamos en violencia reconociendo que eso que hay afuera también existe adentro, que eso que hoy merodea por la ciudad no vino de lejos ni de muy lejos, no llegó de ninguna parte: brotó.

Generalizar es peligroso y más que peligroso irresponsable; no pretendo hacerlo. Sé, y con total sentido de certidumbre que aún hay muchas personas limpias, muchas personas inocentes, muchas personas comprometidas con la vida.

Desde hace varios años, seis para ser exactos, fundé una compañía de teatro junto a Inet Simental, quería hacer teatro y sigo queriendo, pero en el camino me he dado cuenta que algo más importante que la técnica, la forma, la estética y que el simple deseo y propósito de querer hacer teatro es la formación de individuos que a través de la disciplina, la constancia y la sinceridad con la que día a día hacen su trabajo pueden transformarse en mejores seres humanos, en personas creativas cuyo arte y cuyo ejemplo pueda servir de motivación a otros que no se sienten satisfechos con las imposiciones y la oferta de la vida cotidiana. Nuestro más reciente espectáculo: Santuario, intenta ser, antes que nada, una transgresión del individuo creativo hacia sí mismo, una especie de autorrevelación a través de la confrontación que tuvo el actor al despojarse de aquello que sabía hacer y de aquello que creía que era el teatro. En el trabajo que realizamos no importan las formas de contar o de mostrar las cosas, importa el grado de verdad escénica que el actor es capaz de transmitir a través de su cuerpo en acción. Más que tratarse de hacer reflexionar a una sociedad mediante el tema del espectáculo, se trata de mostrar un ejemplo de honestidad y valor inscrito en el cuerpo de cada actor. Una sociedad no cambia con buenos consejos o deseos; cambia con ejemplos que la hagan ver que el cambio es posible.

Santuario no es el resultado de nuestras anteriores creaciones, no fue una búsqueda que se hizo a partir de lo que ya sabíamos que podía dar buenos resultados puesto que ya lo habíamos puesto frente al espectador. Es, por el contrario, una experiencia, con todo lo que esto implica: novedad, reto, incertidumbre, ánimo de seguir, impaciencia, cada nuevo espectáculo de Necrotono es un nuevo comienzo, no un borrón y cuenta nueva, porque aunque lo acumulado no éste al servicio de cada nuevo espectáculo de modo obvio lo está en medida del compromiso, cada vez más profundo, para con uno mismo como agente creativo. El teatro es un vehículo para hallar otra cosa más allá del teatro tanto para el actor que lo hace como para el espectador que lo ve. El teatro es una verdad que afirma verdad. El teatro como la vida, es un orden que se debe iniciar con uno mismo. Santuario es el orden de los contrarios: la luz y la sombra, la violencia y la paz, la zozobra y la esperanza el flujo actoral casi anti-dinámico casi estático, la dualidad entre el cuerpo aparentemente sin movimiento del actor y el incesante centellar de impulsos internos que viajan de un cuerpo a otro a través del aliento, a través del teke, a través de la presencia.

Santuario habla de la esperanza, del valor de la oración, de la fe; habla también de la presencia como acto de responsabilidad hacía los actos que realizamos y sus posibles consecuencias, puesto que tal vez a eso se reduce todo en la vida, a estar presentes o a no estarlo, a saber qué hacer y cómo hacerlo y cuándo. El hombre presente acciona, el que no lo está reacciona. Los acontecimientos que hoy en día padecemos como sociedad se deben en gran medida a que nos hemos dejado llevar por la corriente, nunca nos preocupamos por estar presentes y las consecuencias de nuestra inconciencia y letargo ahora nos han superado sumergiéndonos en una incertidumbre que se come los ánimos de la ciudad y de sus ciudadanos.

Aquellos que queramos cooperar en una especie de restauración, tanto física, como energética; debemos aprender a percibir las imperfecciones de nuestros hábitos y modales y corregirlas. La violencia sólo genera más violencia y ésta inicia con el más simple de los atentados a la paz de uno mismo y del compañero de enseguida. No es necesario un asesinato para aniquilar la armonía, basta con una simple infracción de tránsito de la cual no nos queramos responsabilizar y optemos por el soborno, basta con un insulto, con saltearnos la fila para llegar más pronto al acceso del concierto, basta con una mentira, basta con la queja; vivimos en lo que nosotros mismos hemos creado, una sociedad corrupta, complaciente y con gran apego a la impunidad.

Desde hace mucho tiempo ha dejado de gustarme la ciudad donde vivo, pero aquí nací y a ella me debo, por eso nunca me he quejado y tampoco nunca he tomado el estandarte del idealista o del liberal o del rebelde, lo único que me he atrevido a hacer es a construir, con ayuda de otros compañeros valientes, un microcosmos, un mundito, una mini ciudad, nuestro santuario, nuestra compañía de teatro, un lugar, un espacio y un tiempo en el que sólo existen nuestras reglas y estas son: no mentir, no quejarse, respetarse a uno mismo y respetar al otro y a su trabajo, ser puntuales, disciplinados, arriesgados, sinceros y darlo todo aún en cada pequeña e insignificante cosa que se haga. No podemos cambiar lo de afuera, pero al menos estamos seguros que lo de afuera no nos podrá cambiar a nosotros tan fácilmente.

LEMNOS: Notas del director

Raúl Valles. Teherán, Irán. Diciembre 15, 2007.
  • Para la escena de la "hilera", probar que Mohammad, Mehdi y Elham Black digan los textos en persa. De esta manera, se puede situar al espectador iraní.
  • Luego de que digan los textos, probar que Inet comience a decir el suyo desde atrás de la hilera y que vaya avanzando, al mismo tiempo que los cuerpos de los actores que deja atrás se vayan sentando y mantengan la melodía de Sensemayá.
  • O probar que mientras Inet avanza, los actores caminen en todas direcciones manteniendo el ritmo y melodía de Sensemayá.
  • O probar que Sara marque el cambio de dirección de la dirección de la caminata de los actores.

Estudio sobre polifonía

Improvisación 98 fragmento final

Melissa Baca
Wendy Domínguez
Inet Simental
Abraham Tornero
Víctor Velo







Principios

El teatro como la vida es un orden que se debe iniciar con uno mismo.